martes, 25 de diciembre de 2012

CHÁCHARAS DE UN FRUTRADO SUICIDAD


Por Henry Osvaldo Tejeda

Los suicidios se ponen de moda, es como si llegara la zafra del azúcar en La Romana, o la del café en las lomas de San José de Ocoa. 

Hoy día, la gente se suicida por cualquier vaina: por un amor perdido, por haber sido cesanteado del trabajo, por un cuerno, por deudas (estos son los más comunes, en este país todos cumplimos con el deber de deber) y muchísimos más, por la falta de oportunidad y la exclusión social, entre decenas de motivos más.

Yo digo que, una gente que se vaya a suicidar, debe  hacer de ese acto algo beneficioso para el país o para la comunidad donde vive porque, desperdiciar una vida tan pendejamente, como que "no ta". Si hace algo que beneficie a su comunidad, eso redundaría en bienestar para su propia familia.

Mi consejo a un suicida es que, cuando decida terminar con su vida, se vaya a un lugar donde estén reunidos los políticos a los que el pueblo sindica como los más ladrones del país, y les caiga a tiros a todos o, que les ponga una bomba.

Eso sí, que no debe quedar ni uno vivo, porque ese es un mal que retoña como el "coquito", la yerba que crece hasta en las ranuras de las paredes de cemento. 

El suicida, pasaría a ser un héroe nacional, ya que la justicia no está haciendo su trabajo por estar en manos de los mismos corruptos, de manera  que,  al pueblo le ha sido imposible enjuciarlos. En definitiva, que venga este suicida y nos haga el favor de salir aunque sea de menos de un centenar de ladrones,  sería una bendición para el país.

El pueblo le estaría tan agradecido que le pagaría todas las deudas y pondría a su familia en buena posición económica; la familia de un héroe nacional no debe pasar penurias.

Ese consejo lo vengo dando a los suicidas desde finales de la década de los sesentas, desde cuando estaba en el poder el sanguinario e inteligente bulto de ropa con carne, Joaquín Balaguer.

Aprovecharé el tema, para contarles de un señor que, por el cúmulo de deudas que tenía, había tratado de suicidarse en varias ocasiones sin conseguirlo. Tantos fracazos suicidas, le habían hecho perder hasta su autoestima reduciéndole el amor propio a cero. 

Se consideraba un inepto por no haberse podido suicidar, no porque no lo haya intentado, sino, porque no lo había conseguido.
 
La primera vez que lo intentó, se le tiró en el frente a un carro en marcha, y se salvó; se lanzó de una mata de coco altísima, y se salvó; le dio una "trompá" a un guardia borracho, y este ni caso le hizo; le dijo ladrón a un diputado, y se salvó.

En el 2009 y con fines suicidas,  se dio una "jartura" del desayuno escolar de Alejandrina, y se salvó; le mentó la "mai" a Pepe Goico, y se salvó; le dijo en su cara "tullidor" y cirujano a un general de la policía, y se salvó; le dijo tajalán "bueno para nada" a un cardenal de la iglesia, y se salvó.

Agarró un cable de 220 voltios y en lugar de electrocutarse, se quemaron los fusibles, y se salvó y,  la más reciente vez que quiso firmar con los Orioles se lanzó de una guagüita voladora, y se salvó. ¡Qué frustración!  ¡Qué asco de suicida! 

Ahora decidió suicidarse de nuevo pero, esta vez se ingenió un plan que según sus cálculos, no podía fallar. "Esta vez no me salva ni Tatica que baje de la Basílica de Higuey".   -pensó-

Aparte de la perra vida que estaba viviendo, tenía la otra desgracia de tener que escuchar discursos soporíferos de políticos fladrones, farsantes y corruptos. 

El hombre debía mucho dinero pero, no es de esas gentes que se pone a hacer fila para que le dén una miserable cajita de comida barata dizque para su cena de Navidad.
¿Acaso no hay que comer todos los días?

Todo eso lo había pensado y su decisión de firmar con los Orioles, era irreversible. Salió con pasos decididos y, luego de comprar una soga y un sobre de Tres Pasitos (veneno para ratas), le alquiló a un policía su revolver de reglamento con el rollo de que, si le iba bien en los asaltos, le daría  "algo más" de lo tratado por el alquiler del arma. 
Bueno, aquí no hay forma de fallar" -Pensó-

EL PLAN
Lo siguiente sería, buscar un árbol que tuviera una rama que diera a un profundo charco de agua para evitar cualquier fallo de última hora, es decir que, cuando se tomara el veneno y quedara colgando de la soga y se diera un tiro en la cabeza, si algo le fallara y se cayera de la rama, caer en el charco de agua y quedar ahogado.

Un verdadero plan macabro que no se le ocurre a cualquier "Saltapatrá".

El hombre quería hacerlo todo casi simultaneo, se subió en la rama y se "acotejó" bien, se puso la soga al cuello, se tomó el veneno, se dejó caer y, en uno de los primeros balanceos del cuerpo colgando en la soga, se disparó a la cabeza, pero con tan mala suerte que falló el disparo y la bala cortó la soga y el tipo fue a caer al charco de agua y bebió tanta agua que hasta vomitó todo el veneno ingerido, y se salvó.

Se sentó en la orilla y lo primero que hizo fue, ponerse a llorar su ineptitud y su mala suerte, pero luego se repuso y pensó: 

"Yo estoy vivo para algún fin, Dios me quiere vivo para que haga alguna obra que me tiene reservada, voy a trabajar duro y aunque tenga que vender mi voto electoral a los que compran elecciones, lo haré. Tengo que pagar mis deudas y viviré una vida tranquila; se acabó, no jodo más con estos intentos suicidas".

Diciendo esto, intentó pararse; no dio ni un paso porque desde hacía un ratito, había en su espalda un cocodrilo poniendo la mesa, y se lo desayunó. ¡Ironías de la vida!



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