viernes, 11 de abril de 2014

CHÁCHARAS DE JUGADORES

Por Henry Osvaldo Tejeda

Los jugadores de casi todas las ramas del deporte, deberían ser dignos de  estudios. Si nos vamos al estadio de pelota, ahí vemos cuando un hombre que, al entrar a batear, mira al cielo y se persigna; lo mismo hace el pitcher cuando lo poncha. Cuando no es eso, es otra cosa que les molesta y hacen toda clase de ademanes.

En el Estadio de Beisbol

Había un pelotero, que cada vez que estaba parado en el "jon" (home), por cada lanzamiento que recibía (bola, strike o si diera "fao" -foul-) se quitaba las guantillas y se las ponía de nuevo. Le llamo a eso, un maña/ritual. 

Era como un rito que ahora imitan decenas de peloteros, pero, ¿qué decir de las muecas y los chiguetes de saliva que escupen cuando mascan tabaco? Tienen varias formas de escupir pero lo que más me
llama la atención es, cuando largan la saliva a manera de chiguete que sale de entre las hendiduras de los dientes delanteros. Parece un perro "miando". 
Se pasan el partido completo mascando, parecen rumiantes.

En el ring de boxeo

Veo peleas de boxeo desde que era un jovencito, y antes, los boxeadores no hacían tantas cosas como ahora. He notado que los boxeadores mexicanos, desde que suben al rin, aparte de dar brinquitos para mantenerse calientes antes de la pelea, abren la boca de forma tal que pareciera que quieren darle un sólo mordisco a su contrario. 

El que ha visto un burro comiendo naranja agria, sabe a lo que me refiero cuando hablo de las muecas que hacen los boxeadores, aunque estos lo hacen para distender los músculos faciales. Cuando hacen eso, se les notan todos los tereques que componen la parte baja del "galillo" y de la "quijá". 

Ellos ni se imaginan lo feo que se ven, cuando mascan repetidamente sin estar comiendo nada y sacudiéndose como perros mojados y algunos hasta menean las tetillas de manera individual. Más mañas de ahí, ¿para qué?

En el juego de dados

Estos son cabalistas graduados; cogen los dados en sus manos, los soplan o se los dan a alguien que esté al lado para que se los sople y les eche la suerte. Otros, antes de tirar los dados, cierran los ojos y miran hacia arriba, como hace un burro antes de encaramársele a una burra; le huele el trasero, levanta la cabeza con los dientes pelados, bembetea y....¡¡chuplún!!!......Hasta donde le dicen Cirilo.

Jugadores de lotería:

Aquí si hay "fragancia", en esta rama del vicio hacia el juego es donde más tabúes hay. En este juego, todos los objetos animados e inanimados tienen sus números; si el jugador se sueña con cualquier cosa, "arregla" el sueño y eso le da los números que debe jugar. 

Un guachimán me dijo, que él tiene un amigo que es radio técnico que vive en Guaymate.

_ Ese tipo -me cuenta el guachimán- hace pupú en un cañaveral de Guaymate, luego vuelve como a los tres días a ver cuando la "porquería" esté bien podrida, y se pone a buscar los numeritos que se van formando en los moj....,bueno, en "esa cosa". Luego se va a la banca a jugar lo que vio. 

Yo no creo en cábalas y, por jugarle una mala pasada al que me pregunta el número de mi cédula porque se ha soñado conmigo, siempre le digo un número cualquiera.

Hace días, el mismo Guachimán que ya conocen me dijo: 

_ Henry, soñé que te vi encima de una mujer en una playa; mira cómo yo lo arreglo: el mar da 09, el hombre 05 y la mujer 06 pero me gustaría jugar también el número de tu cédula, ¿cuál es?

Le di el primer número que se me ocurrió. ¿Resultado? Se sacó con el número que le di. Nada que ver con lo que soñó, pero le queda en la psiquis que, habiendo soñado conmigo se sacó, aunque no fuera con los números que dio el "arreglo" del sueño, para él los sueños siguen siendo eficaces para jugar.

Para hablar de las sandeces y los disparates que piensan y hacen estos jugadores de quiniela y palé, se necesitaría mucho espacio y tiempo, porque no es poco el material que existe en esta rama de los juegos de azar. Ademas de los miles de anécdotas que existen. 

Jugadores que rompen hasta los trastes de sus casas "encojonados" porque se han pasado meses jugando un número, y un día se jartaron y lo cambian por otro; ese mismo día sale el que dejaron de jugar. Es para morirse de un “yeyo” de disgusto.


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