martes, 16 de septiembre de 2014

Comentarios al libro “Diversidad e Identidad en República Dominicana” de la Dra. Celsa Albert Batista


Por Pablo Ant. Gómez 
Economista, Maestrando en Historia Dominicana, Universidad Autónoma de Santo Domingo [gom-dip@hotmail.com]


Pablo Ant. Gómez
Pretendía hacer una reseña de la obra, pero mientras releía el texto de la contraportada concluí que no puede haber mejor reseña que la que allí se bosqueja.

Desde hace varios años la Mtra. Celsa viene realizando una encomiable labor intelectual dirigida a destacar el componente africano de nuestra identidad, tradicionalmente ignorado y/o ocultado por la historia oficial en base a prejuicios y estereotipos establecidos por la colonización española desconociendo la unicidad de la raza humana. Percibo este libro como un momento cumbre de ese esfuerzo porque recoge un estudio global del proceso histórico-cultural que dio lugar a la conformación del pueblo dominicano desde la interesante perspectiva de sus raíces étnicas.

La obra aborda en un exquisito y didáctico estilo las ideas, el proceso, la herencia y la estrategia educativa para conocer con rigor la diversidad e identidad cultural de los dominicanos.

Estamos ante un libro sencillo y ligero de lectura, que nos introduce a la visión científica de nuestra historia cultural, y específicamente, al ámbito de la diversidad étnica y cultural que conformó la identidad actual (individual y nacional) del dominicano, a través de un proceso continuo de hibridación [fusión biológica], mestizaje [cruzamiento y mezcla] y sincretismo [expresión en uno nuevo] de varios siglos, en el que la cultura indígena, la blanca del occidente europeo y la negra del África subsahariana[2] fueron sus matrices fundamentales, pero que también tiene elementos culturales de origen asiático (judíos, árabes, japoneses y chinos), siendo algunos de estos los más antiguos de todos, si tomamos en cuenta que nuestra población aborigen era, esencialmente, de origen asiático. La obra hace énfasis en el aporte de la cultura negra a ésa identidad.

Maestra Celsa Albert Batista
El alto contenido pedagógico de los capítulos III y IV del libro evidencia el éxito de los objetivos específicos de la autora. Al respecto destaco lo siguiente: los elementos de origen asiático se expresan de manera principalísima en nuestra producción agrícola y en nuestros hábitos de consumo: la caña de azúcar, el arroz, los plátanos, el coco, el mango, las naranjas son elementos consustanciales del ser dominicano. Tal vez por otros autores, para algunos de esos productos, ya nos habíamos enterado de sus orígenes. Pero la novedad es que la Mtra. Celsa nos remite a cómo la tradición de producir y consumir esos productos entre nosotros está asociada a nuestra historia pre-colonial o colonial o contemporánea y en particular al período de la esclavitud en la isla.

La autora parte del principio de que la cultura es la fuente fundamental de la identidad de un pueblo y pone en claro en su estudio algo que todos los presentes debemos asimilar y destacar: que el proceso histórico que condujo al predominio del mulato en el país no fue tanto racial, como pretenden reducirlo los historiadores hispanistas y acostumbran explicarlo los autores poco advertidos, sino que fue un proceso global que abarcó la totalidad de las manifestaciones culturales. Que primero debemos hablar de diversidad étnico-cultural y solo luego de identidad.

Imagen de Archivo (Fuente Externa)
Como señala el Dr. Nfubea en su prólogo la cuestión de la identidad “ha sido siempre un problema para el dominicano ya que esta realidad problemática tiene sus raíces en la colonización” (p. 18). Al respecto, el libro hace hincapié en señalar los factores socioculturales (institucionales e individuales) que han generado de manera continua conflictos de identidad entre la población de nuestro territorio desde inicios del siglo XVIII. Es esta una parte nodal del estudio donde la autora se refiere a la “esclavitud psicológica o mentalidad social que produce el conflicto de no asumir la identidad real de ser y pertenecer” vigente en cierto modo aún, en la sociedad dominicana.

Y es que la presencia sostenida del racismo en diversos ámbitos de la sociedad complejiza las dificultades objetivas con que los dominicanos nos enfrentamos a nuestra propia identidad. Y más cuando lo hacemos desde la óptica del uso inapropiado de la noción de otredad. “Aún hoy campean en la prensa dominicana, de la mano de voceros de un llamado “nacionalismo” que define a la “dominicanidad” como algo opuesto e irreconciliable respecto a Haití, aunque al hacerlo castran la riqueza cultural de la sociedad dominicana y nos transmiten una caricatura “blanca”, “hispánica” y “católica” de una de las sociedades más mestizas, desde todos los ángulos, que existen en el hemisferio”[3]

En los hechos los afrodescendientes, entonces identificados como negros y mulatos, pasaron tempranamente a ser actores sociales y culturales de primer orden por su papel protagónico en momentos y acontecimientos estelares del proceso histórico de construcción de la nación dominicana. Por ello, a los eventos históricos señalados por la Mtra. Celsa como de significación ineludible para la comprensión del fenómeno histórico-cultural dominicano, quiero agregar los siguientes: 

-La asimilación y preservación de las técnicas agrícolas indígenas por parte de los esclavos africanos durante la primera mitad del siglo XVI[4];

-Siguiendo la tendencia que se hizo predominante en la segunda parte del siglo XVII, durante el siglo XVIII la población mulata es netamente mayoritaria en la parte dominicana de la isla debido al proceso de mestizaje, alcanzando para 1800 un 70% de mulatos, un 19% de negros y apenas un 11% de blancos[5]. No es por casualidad que el 70% de los dominicanos del presente tiene genes de origen africano[6];

-De la población esclava empleada en la actividad ganadera, surge la clase campesina criolla que alcanza relevancia social y económica al final del siglo XVIII[7];

-La emigración sistemática de población pobre de Haití hacia suelo dominicano a todo lo largo del siglo XX.

Pero el sesgo racista en nuestra historiografía, junto a sueños de dictadores y patriotas de hojalata han llevado a la sociedad dominicana a invisibilizar esa realidad de nuestra historia.

Respecto al proceso de diversidad, hay que señalar que, conforme a la arqueología moderna, un mosaico multicultural de similar complejidad al que se desarrolló desde finales del siglo XV había ocurrido ya en la isla varios siglos atrás previo a la llegada de los europeos, dando lugar a la matriz cultural indígena que conocemos como cultura taína[8].

En conclusión, con esta obra la autora logra de forma magistral dos objetivos de gran relevancia y actualidad: 

1-Abordar la transformación histórica de la República Dominicana, la construcción de la cultura y la identidad a través del estudio de la diversidad, y

2-Presentar una propuesta pedagógica factible de ser aplicada al proceso de enseñanza-aprendizaje en el área de las ciencias sociales, incluso en la capacitación, actualización y formación de maestros y facilitadores.

Hoy que celebramos el 50 Aniversario de labor educativa ininterrumpida de nuestra apreciada Mtra. Celsa, cuán orgulloso me siento de haber cursado mis años de educación básica bajo su orientación y cariño en el Colegio Nuestra Señora de La Altagracia, y por ello aclamo a viva voz ¡Celsa Albert es una auténtica Maestra, Maestra de verdad, larga vida para ella! 

Muchas gracias.

Notas:

[1] Albert Batista, Celsa (2014). Diversidad e Identidad en República Dominicana. Santo Domingo, R. D.: Editora Nacional, pp. 140. 

[2] El término África subsahariana refiere a aquellas partes del continente africano habitadas mayoritariamente por personas negras, que comprenden aproximadamente el 85 por ciento de su superficie total. También hace referencia a los países de ese continente que no limitan con el mar Mediterráneo. Se ha demostrado que África negra es, principalmente la zona oriental, la cuna de la especie humana, desde donde se inició el poblamiento de la Tierra. Nueve millones de africanos llegaron a América en calidad de esclavos entre 1492 y 1800. 

[3] Dilla Alfonso, Haroldo (2008). Los usos del “otro”: las relaciones de República Dominicana con Haití, Estudios Latinoamericanos, nueva época, núm. 22, julio-diciembre, pp. 171-181. [en línea], disponible en: http://www.journals.unam.mx/index.php/rel/article/view/20288 [2014, 14 de septiembre]. 

[4] Serna Moreno, Jesús María (2010). República Dominicana. Identidad y herencias etnoculturales indígenas, Archivo General de la Nación, Vol. CVIII. R. D.; Editora Alfa & Omega, pp. 95-108. 

[5] Cassá, Roberto (2001). Historia social y económica de la República Dominicana, Tomo I, Santo Domingo, R. D.: Editora Alfa y Omega, p. 89. 

[6] Estudio de la Universidad de Puerto Rico y la Universidad Central del Este dado a conocer en 2010. 

[7] González, Raymundo (2011). De esclavos a campesinos. Vida rural en Santo Domingo colonial, Archivo General de la Nación, Vol. CXLVIII R. D.; Editora Búho, S. R. L., pp. 186. 

[8] Ulloa Hung, Jorge (2012). La cultura taina y las bases de lo caribeño en Tesoros del arte taíno. Centro Cultural Eduardo León Jiménez, Generalitat Valenciana and IVAM Centre Julio González, . pp. 13-47.


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