jueves, 20 de noviembre de 2014

CHÁCHARAS: EL ENFERMIZO AMOR DE UN FARSANTE HACIA UNA INDEFENSA SEÑORA

Por Henry Osvaldo Tejeda

Hay un personaje, el cual se ha ganado el apodo de Don Ladrón, de quien no se sabe si en realidad, es amor, o ganas de darle largas a su futura e irreversible prisión. 

Este señor insiste, en seguir enamorado de la señora, conocida como Doña Quisqueya, quien, dicho sea de paso, ha llegado al extremo de odiar a su mañoso enamorado por las maldades que éste le infligió en el pasado reciente.

Es tanto y tan enfermizo el amor que siente Don Ladrón por Doña Quisqueya que, ya no muestra ni la compostura de la que hacía gala, y hasta la vergüenza ha perdido el pobre sujeto (¿vergüenza? ¿La tuvo alguna vez?) Y todo esos afanes, en pro de subírsele de nuevo a la Doña.

Se presenta en público, sabiendo que los hijos de Doña Quisqueya irán a vocearle, ¡ladrón! ¡Ladronazazazo! Pero a él eso no le importa, es que ya no se respeta y no tiene vergüenza porque sabe muy bien que lo que hizo con Doña Quisqueya, fue sucio, asqueroso, deshonroso, canallezco, burdo y aborrecible, por lo que en un país que respete, hubiera sido fusilado.

Su sentir, es una "Bumbia" (cosas reburujadas entre sí) de amor ligado con desamor; es como la lírica de una bachata que habla de lo venenoso y hermoso de un sentimiento en el que, por más que el hombre insista ella ya no lo acepta por haber sido traicionada, vejada, robada y estrangulada por él.

Al Sr ladrón, no le importó que Doña Quisqueya, haya tenido decenas de hombres que se han montado sobre ella, que la hayan "pisado", tanto por sus propios hijos como por extranjeros, prietos y blancos, ni que le hayan matado a sus hijos para violarla y para robarle sus riquezas.

El amor de ese señor hacia la Doña, es tan raro y hasta difícil de definir, que no se sabe si es platónico o real, y si es solo para "robarle" (el corazón), o para "liberarla" de algo. Lo que sí saben los hijos de Doña Quisqueya es que, el tipo no tiene escrúpulos y que es un mañoso de marca mayor, con ribetes de mafioso.

Cuando el tipo está en el extranjero, le dice al mundo cuánto ama a su adorada Quisqueya, y dice primores de ella, la defiende, y hasta la añora cuando no la tiene abajo. 

A veces pienso que la esposa de nuestro héroe (el tipo no se ha divorciado), no celos siente por el enfermizo amor de su esposo hacia Doña Quisqueya, porque también ha sido cómplice del robo, las violaciones y las traiciones de que la Doña ha sido objeto.

Cuatro años duraron los primero amores de Doña Quisqueya con Don Ladrón, hasta que lo botó por no servir ni para echárselo a los perros, además, tenía una "junta" de amigos que, no era la mejor.

Pasaron cuatro años luego de terminar sus amores, pero Don Ladrón, logró engañarla de nuevo pintándole castillos en el aire (los castillos no eran tales, sino, una familia) y se la consiguió de nuevo, durando con ella, ocho malditos años más, donde la pobre Quisqueya, ha quedado destrozada y sin deseos de seguir viviendo. 

La que más le duele a Doña Quisqueya, y hasta le echa la culpa al más calvo de sus hijos, fue que, luego de terminar los primeros malditos cuatro años con ese ladrón, se hizo el chivo loco y no lo metió preso hasta que se pudriera en la cárcel. 

Nadie entiende qué clase de amor es el de ese hombre hacia Doña Quisqueya porque, cuando está con ella, la masacra, le "apalea" a sus hermanos, le roba sus ahorros, coge prestado a nombre de ella y el dinero lo guarda en cuantas bancarias propias, y luego la obliga a pagar sus deudas.

Se la presta a sus amigos y cachanchanes para que la disfruten, no importa si es de día o de noche. Y para colmo, se la alquila a extranjeros para que "la hoyen" y la "puyen", no importando si sus hermanos se mueren de hambre, dolor e impotencia.

A sus amigos más fieles, Don Ladrón se la presta para que le roben, la "cojan" y la estrujen hasta dejarla sin aliento, sin medicinas, sin agua, sin luz, sin seguridad, sin empleo, sin comida y en la bancarrota.

Lo peor de todo es que, a la vista, no se ve una autoridad que pueda "darle pa'bajo" a ese delincuente, o por lo menos, meterlo por 30 años en la "chirola" con todo y su camarilla de ladrones.

Hoy, Don Ladrón anda enamorado de nuevo, y tuvo el tupé de decir que entre él y sus amigos, van a pasarse 40 largos años más "cogiéndose" a Doña Quisqueya. 

"Una cosa piensa el burro, y otra el que lo apareja" 
Es lo que piensa Doña Quisqueya.


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