lunes, 27 de abril de 2015

MPD llama a redoblar lucha contra sistema político y electoral que ha secuestrado todas las instituciones del Estado


Profesor Fernando Hernández, vocero nacional del MPD
Lo que se ha denominado como: “Revolución Constitucionalista” o “Guerra de Abril de 1965” es el más grande acontecimiento político y militar del siglo XX en la República Dominicana. Lo que comenzó el 24 de abril de 1965 con el golpe o contra golpe de Estado para reponer al Gobierno constitucionalista de Juan Bosch y la Constitución de 1963, inicialmente se expresó como una lucha entre dos bandos militares. Inmediatamente el pueblo irrumpió al lado de los militares “constitucionalistas”, demandando “armas para el pueblo” y armándose en la forma en que podía. Luego, cuatro días después, el imperialismo yanqui invadió el país con 42 mil soldados, justificando esa invasión con el pretexto de “salvar vidas”.

De esta manera, la revuelta se convierte en guerra patria, donde el pueblo dominicano se enfrenta al más poderoso ejército del Mundo, en una heroica resistencia sin precedentes en nuestro país. Fotografías y fílmicas sobre la gloriosa epopeya de defensa de nuestra soberanía le dieron la vuelta al Mundo, mostrando que militares y civiles, hombres y mujeres, jóvenes y niños estaban dispuestos a vencer o morir.

Causas de la guerra:


Profesor Fernando Hernández, vocero nacional del 
MPD, junto a Jorge Puello El Men
El profesor Juan Emilio Bosch y Gaviño, como candidato del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) ganó las elecciones celebradas en diciembre del 1962 y asumió el Gobierno en febrero del 1963. El Congreso Nacional aprobó la Constitución de 1963, una de las más avanzadas que ha tenido la República Dominicana. Los sectores más recalcitrantes de la oligarquía, la burguesía y la iglesia católica sintieron amenazados sus enormes privilegios heredados de la tiranía trujillista y acusaron al Gobierno de ser “comunista”, por lo que se lanzaron a una conspiración sin tregua. En septiembre de 1963 fue derrocado el primer Gobierno democrático, elegido por el pueblo, después de la caída de la tiranía. Juan Bosch fue desterrado, y pisoteada la Constitución.

Con la caída del gobierno sietemesino del profesor Bosch comenzó la represión y la supresión de las libertades. La respuesta de la izquierda no se hizo esperar. El Movimiento Popular Dominicano (M.P.D.), proscrito y perseguido, se lanzó a preparar un movimiento guerrillero, en octubre del mismo año 1963. Cuando había trasladado hombres y armas, y estaba sentando las bases guerrilleras en el lugar denominado “Las 24 Lomas”, en el municipio de Cevicos, en la provincia Sánchez Ramírez, las Fuerzas Armadas ocuparon armas, persiguieron y apresaron a los combatientes.

Un mes después, en noviembre, el Movimiento Revolucionario Catorce de Junio (1J4), bajo la Dirección de su Presidente y convertido en Comandante supremo, Manuel Aurelio Tavares Justo (Manolo), se lanzó a un movimiento guerrillero en seis frentes. Después de algunos combates en diferentes frentes, y apresados numerosos combatientes, el Gobierno prometió que respetaría la vida de los guerrilleros si se entregaban. Todos los que se entregaron junto al Comandante supremo fueron fusilados bajo la orden del entonces Coronel Ramiro Matos González y el Mayor Adriano Valdez Hilario.

La represión sin límites se acrecentó. Ni siquiera se podía vestir de rojo y negro (colores del M.P.D.) o de verde y negro (colores del 1J4), pues ello era suficiente para ser apresado y torturado. La izquierda cambió de táctica y se dedicó a trabajar en el seno del pueblo, en los barrios, en los sindicatos obreros, entre los campesinos, etcétera, para la conspiración, con la finalidad de enfrentar a los golpistas y avanzar en el proceso democrático. El PRD y un sector militar se aprestaban a preparar la conspiración dentro de los cuarteles para derrocar el triunvirato encabezado por Donald Read Cabral.

El 24 de abril se produjo el contragolpe.


Al producirse el contragolpe, el general Imbert Barreras, el pretenso “Héroe Nacional” y un reducido grupo de militares, se presentaron ante los militares constitucionalistas preguntando “en que podían ayudar” y tratando de buscar una salida negociada. La respuesta de quienes habían derribado el triunvirato de Read Cabral, y de manera muy acentuada y radical el teniente Peña Taveras, fue que cualquier arreglo sólo era posible si se reponía el Gobierno constitucional de Juan Bosch y se retomaba la Constitución del 1963, que eso era innegociable.

Pero realmente los líderes militares que habían derrocado a Read Cabral debatían dos posiciones: crear una junta militar o llamar a la reposición del Gobierno de Bosch. Se impuso esta última posición. Mientras tanto, el Presidente del Senado, Molina Ureña, que en ausencia del Presidente y del Vicepresidente, debía asumir el Gobierno de forma provisional, se había “rajado” y no había asumido su responsabilidad. El pleito estaba casado. Ya había muchos muertos y era inevitable la guerra.

“Armas para el pueblo”:


Aunque todos los sectores políticos y gran parte del pueblo sabían que se preparaba la conspiración, el golpe sorprendió en gran medida a las organizaciones revolucionarias y a amplios sectores populares, por lo que no se había preparado una logística militar que permitiera una irrupción inmediata. Sin embargo, ello no impidió que el pueblo se lanzara a las calles desde que el dirigente perredeísta José Francisco Peña Gómez anunció desde la Radio Televisión Dominicana que se había producido el contragolpe y llamaba al combate por la restitución del Gobierno constitucionalista y la Constitución del 1963. 

Los militares y policías que propiciaron el contragolpe inicialmente pensaron que los civiles no debían tener participación, que debía ser un asunto a resolver entre militares. Pero al darse cuenta que por sí solos no podían vencer a las fuerzas militares reaccionarias encabezadas por Elías Wessin y Wessin, que dominaba la Fuerza Aérea, se pensó en armar a los veteranos, pero no a los civiles. Mientras tanto, se diseminó por dondequiera la consigna de “Armas para el pueblo”, lanzada por el Movimiento Popular Dominicano y el Movimiento Revolucionario Catorce de Junio.

Se les exigía a los militares constitucionalistas que entregaran armas. Pero simultáneamente el MPD y el 1J4 armaban sus tropas con las armas que tenían y con las que les quitaban a soldados que iban en desbandadas. Ante el avance de las fuerzas del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas (CEFA), con los bombardeos de la ciudad, los militares constitucionalistas accedieron a entregarle armas al pueblo. Los militantes revolucionarios y el pueblo se organizaron en numerosos “Comandos”, dirigidos por los compañeros que tenían entrenamiento militar, por ex militares o por militares (como el Cuerpo de Hombres Ranas de la Marina de Guerra, que dirigía Ramón Manuel Montes Arache).

La integración del pueblo fue asombrosa. Pese a los destrozos de la ciudad y de la gran cantidad de muertos, los aviones y los tanques de las fuerzas de San Isidro iban sufriendo bajas considerables. Indudablemente, el bando constitucionalista integrado por militares de todos los cuerpos, por policías y por civiles, iba ganando la guerra. Los tanques eran tomados por el pueblo, que aunque sin entrenamiento, inmediatamente los hacía vomitar fuego contra los reaccionarios. Un golpe sumamente contundente y decisivo fue la toma de la Fortaleza Ozama, que no sólo causó muchas bajas y deserciones en el enemigo, sino también una impresionante cantidad de armas y la desmoralización de tropas enemigas.

La invasión yanqui el 28 de abril


Los imperialistas yanquis, que estaban al asecho, apostando al aplastamiento del movimiento constitucionalista, fueron llamados por los gorilas de San Isidro. Argumentando que venían a salvar vidas, y con el camuflaje de “Fuerza Interamericana de Paz (FIP)”, desembarcaron 42 mil marines el día 28 de abril. Entre los ocupantes había algunos militares brasileños y de otras nacionalidades del continente para disfrazar la grosera intervención, la segunda formal durante el siglo XX.

Las fuerzas imperiales tomaron en sus manos la situación de los derrotados de San Isidro. Luego comenzaron a rearmar a las tropas desmoralizadas. Muchos militares regulares se asustaron al ver el desembarco de los yanquis y se “mandaron”, abandonando al pueblo, el cual, por el contrario, se creció, pues mientras más muertos se veían en las calles, mayor era la afluencia de combatientes civiles.

Las tropas invasoras y las fuerzas de San Isidro penetraron a la ciudad, iniciando la llamada “limpieza” en la zona Norte de la Capital. Allí combatió el pueblo con bravura de leyenda, en enormes barricadas y trincheras, destacándose militantes revolucionarios como Amín Abel Hasbún y Roberto Duvergé, y cientos de combatientes populares anónimos, hombres y mujeres. 

Luego las fuerzas revolucionarias se concentraron en Ciudad Nueva y la zona colonial. Los yanquis tendieron un cordón con una alambrada de púas tratando de aislar a los constitucionalistas. Se formó el llamado “Gobierno de Reconstrucción Nacional” con Bartolomé Benoit e Imbert Barreras a la cabeza.

Los invasores habían proclamado que en 24 horas rendirían a los constitucionalistas. Sin embargo, con su gran armamento, con las últimas tecnologías militares y con un ejército tan numeroso, en cuatro meses no pudieron vencer la resistencia del pueblo. Los comandos proliferaron, compuestos por hombres y mujeres, ancianos, adultos, jóvenes y niños. Las mujeres y los niños tenían tareas especiales para distraer y desarmar a los invasores.

De diferentes pueblos, como: La Romana, Santiago, Mao, Higüey, Barahona, Azua, San Francisco, San José de Ocoa, Nagua, La vega, etcétera, se trasladaron contingentes de combatientes hacia la zona constitucionalista, donde formaron comandos que llevaban los respectivos nombres de los pueblos de donde procedían. Lo mismo hicieron los obreros de POASI, por ejemplo.

Junto al pueblo, y bajo las órdenes del Gobierno Constitucionalista encabezado por el Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, combatieron militares, policías, militantes revolucionarios, curas, prostitutas, homosexuales, profesionales, estudiantes, campesinos, todos los sectores.

Los constitucionalistas trataron de extender la guerra al interior del país. Se constituyó el Grupo de los Cuatro (G-4), llamado así porque estaba compuesto por el Movimiento Popular Dominicano (MPD), el Movimiento Revolucionario Catorce de Junio (1J4), el Partido revolucionario Dominicano (PRD) y el Partido Revolucionario Social Cristiano (PRSC-Machete Verde). Varias acciones militares fueron ejecutadas en pueblos como Ramón Santana, Tenares y Villa Tapia. En Santiago fue apresado un grupo de combatientes que pretendían atacar a las fuerzas reaccionarias.

En San Francisco de Macorís se atacó la Fortaleza. Después de una heroica batalla, allí murieron numerosos combatientes emepedeístas, catorcistas, perredeístas, militares constitucionalistas y combatientes sin militancia. Muchos revolucionarios fueron apresados vivos antes y durante los combates, pero fueron fusilados y enterrados en una fosa común. Mientras tanto, en la Capital continuaban los combates.

Esta gran epopeya del pueblo dominicano contó con una enorme solidaridad en el continente americano y en gran parte del Mundo. Ello hizo posible que la resistencia fuera más prolongada y que el imperio y sus protegidos tuvieran que plantear la negociación. El día tres de septiembre del 1965 se firmó la llamada “Acta Institucional” que establecía el fin del conflicto armado y el establecimiento de un Gobierno provisional, que fue encabezado por García Godoy, y que debía preparar elecciones en un plazo determinado. Los militares constitucionalistas fueron prácticamente recluidos en un campamento, y luego muchos de ellos fueron expatriados como “agregados militares”, incluyendo al propio Presidente Constitucionalista, Francis Caamaño.

Los yanquis se quedaron en el país, penetrando todas las instituciones y dirigiendo planes de asesinato contra los constitucionalistas, como ocurrió con el Comandante Manuel Emilio del Castillo-Pichirilo-Mejía y muchos más, incluyendo la matanza de estudiantes en febrero del 1966.

Conclusiones


· El pueblo dominicano demostró su decisión de luchar por la libertad y la democracia, expresadas en la Constitución de 1963 y en el Gobierno surgido de unas elecciones populares.

· De igual manera, el pueblo dominicano fue protagonista de una de las más grandes epopeyas en la República Dominicana y en el continente americano, al enfrentarse al ejército más poderoso de la Tierra, sin que fuera vencido, durante cuatro meses.

· Aunque los invasores y sus protegidos no pudieron derrotar al ejército popular, sin embargo se impuso la contra-revolución con un gobierno surgido de un colosal fraude. El Gobierno neo-trujillista de Joaquín Balaguer fue impuesto por el poder imperial para aplastar los vestigios de la revolución, para asesinar a los “comunistas” que supuestamente estaban “infiltrados” en la guerra, para devolverles los privilegios a la oligarquía y a los gorilas militares asesinos y corruptos, en definitiva, para revivir el trujillismo sin Trujillo.

· Hay que resaltar no sólo el espíritu combativo e indoblegable del pueblo dominicano, sino su capacidad de organizar la logística de guerra (escuela de formación militar, hospitales, trincheras, barricadas, vías y formas de abastecimiento de diferentes renglones), así como crear métodos y formas de lucha (comandos, estructuras paramilitares de niños y mujeres, organismos civiles de inteligencia, periódicos, expresiones artísticas diversas, etcétera).

· La Guerra Patria nos dejó muchas enseñanzas y una serie de legados, que hoy nos quieren arrebatar y que debemos seguir defendiendo de cualquier forma, como es el fuero de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, abierta, popular y democrática.

· La conmemoración de esta obra del pueblo dominicano, 50 años después, no debe ser una apología de la guerra. Los verdaderos revolucionarios no son amantes de la guerra y de la violencia, como algunos dicen y repiten. Lo que sucede es que los que se creen superiores siempre tratan de aplastar a los ´débiles, y cuando se cierran los caminos de la democracia y cuando se violan los derechos, el pueblo tiene que recurrir a defenderse y se hace insoslayable la guerra. Si no se hubiese producido el golpe de Estado contra el Gobierno constitucional de Juan Bosch, el pueblo dominicano no hubiese vertido tanta sangre y no se hubiese producido un retroceso político y social tan grande, como el que se vivió durante los gobiernos de Joaquín Balaguer, y como el que se ha vivido y se vive bajo los desgobiernos que se han sucedido.

· Este 50 aniversario de la gloriosa gesta de resistencia heroica debe servir para recordar y honrar a nuestros héroes y mártires que ofrendaron su vida por la libertad, por la justicia y por una mejor sociedad; debe servir para reflexionar y para afianzar la decisión popular de defender nuestra soberanía, nuestros derechos y nuestra vida.

· Ojalá que este 50 aniversario sirva para que los sectores cavernícolas, de dentro y de fuera de la República Dominicana, los explotadores y aquellos que se creen dueños del país entiendan que el pueblo no aguanta para siempre.

· Para las fuerzas revolucionarias y para el pueblo, este 50 aniversario de la Guerra de Abril del 1965 debe servir para redoblar el compromiso, para tensar las riendas, para templarnos en la lucha contra el sistema político y electoral que ha secuestrado todas las instituciones del Estado. Debe servir para impulsar la democracia de calle, pues el pueblo movilizado es el poder alternativo.


elpidiotolentino@hotmail.com; elpidiotolentino@gmail.com
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