martes, 16 de agosto de 2016

¿Cómo cambió culturalmente el país con la intervención militar de 1916-1924?

Por José Rafael Sosa

Las tropas norteamericanas de ocupación de 1916 a 1924 promovieron la idea, creída y celebrada por muchos, de que ellos venían a poner el orden y a convertir a los nacionales en “personas más civilizadas”, para lo cual era fundamental transformar la cultura local y la forma de ser de los habitantes de la Republica, afirma un historiador especializado en ese período de la vida de país.

Alejandro Paulino Ramos dijo que la República Dominicana sufrió significativas transformaciones económicas, demográficas, tecnológicas, políticas y culturales a partir del último cuarto del siglo XIX, fruto del surgimiento de la industria azucarera, la inversión de capitales foráneos, consideró el historiador Alejandro Paulino Ramos.

El sub-director del Archivo General de la Nación, durante una conferencia en el Centro Cultural Banreservas, dijo que la ocupación generó que miles de inmigrantes llegaran al país , lo que incidió en la aparición de un sector poblacional que comenzó a abandonar la faena campesina para convertirse en el embrión de lo que sería la clase obrara dominicana.

“La vida en las ciudades comenzó a ser diferente a la que se practicaba en los campos dominicanos. Los cambios de finales del siglo XIX trajeron aparejados la existencia de gobiernos liberales, la presencia de la inversión extranjera norteamericana, y la consiguiente apertura para la promoción de lo que se entendía como el progreso nacional: modernización del transporte con la construcción de líneas férreas, la inmigración “deseada” y la iluminación eléctrica en Puerto Plata y Santo Domingo” dijo Ramos.

Resaltó el conferencista que la instalación de los primeros puentes, dinamización de la economía y transformaciones culturales buscaban alejar las herencias española, indígena y africana para, en su lugar, estrechar lazos económicos, políticos y culturales con los Estados Unidos de Norteamérica”.

Dijo que a partir de 1916, aparecieron nuevas formas y modalidades que hasta entonces habían sido desconocidas, expresadas en una reforma radical de la estructura del Estado; una legislación para romper con la propiedad de los terrenos comuneros; cambios en el sistema educativo, tanto escolar como universitario; un plan intensivo de construcción de puentes y carreteras, asfaltado de carreteras y calles y la construcción de edificios gubernamentales.

A partir de la ocupación militar americana de 1916, la población urbana y la campesina iniciaron un proceso de acercamiento y de integración cultural y o extraño se fue haciendo parte de la identidad nacional, afirma el investigador.

Recordó a Bienvenido Gimbernard, director de la revista Cosmopolita, llegó a decir que “Antes (de la intervención militar) nos ofendíamos por lo que ofendía a la moral, ahora la moral es la que ofende a nuestros libertinajes”,

Gimbernard, dijo Paulino, trató de mostrar la incidencia de los Estados Unidos, que a su juicio prometió “civilizar” a los dominicanos, cuando lo que provocó—dice él—fue retrotraer la sociedad a una época de barbarie, lamentando la forma en que sucumbieron los valores morales del pasado, desarraigados por la presencia extranjera.

Entre los cambios que se evidenciaron entre los dominicanos es que comenzaron a deleitarse tomando copas de “crema de menta”, y competían en algunos juegos para obtener besos como premios, y comían “pickleys” y carne en latas, brindaban el té, jugaban “take and put”, bailan “fox trots” y “one-step”, al compás de una pianola eléctrica o una victrola, mientras tomaban whisky y se contorsionaban al ritmo del baile conocido como “shimmy”.

Resaltó que el país en 1916 todavía era extremadamente atrasado, reminiscencia de la sociedad hatera que recién comenzaba a cambiar a partir de 1870, con el inicio de la industria azucarera.

Refirió que Ramón Marrero Aristy en el volumen tres de su obra histórica “La República Dominicana”, al decir que “con la presencia de los norteamericanos perecieron muchas costumbres sanas y numerosos mitos.

“La gente joven y las mujeres adquirieron costumbres más independientes y la obsesión del dinero como elemento determinante del valor del individuo se apoderó no sólo de las clases encumbradas sino de gran parte de las otras radicadas en las zonas urbanas” dijo.

Paulino Ramos resaltó que la sociedad se hizo más liberal y se inició el rompimiento con el conservadurismo social. Como consecuencia de esto, comenzaron a publicarse revistas, como El Graficoy Cromos, en las que aparecían a páginas completas imágenes de mujeres totalmente desnudas, fotografías que hoy podrían ser tenidas como pornográficas, mientras que lugares exclusivos, como el “Club Unión”, centro de diversión por excelencia de la aristocracia dominicana, abrió sus puertas al merengue y el bongó, al güiro, la maraca, la rumba y la guaracha, que a decir de Gimbernard “acechaban en espera de la oportunidad de su invasión”.

Indicó en su conferencia que durante los ocho años en que el país fue dirigido por un gobierno extranjero, se dificultaron sobremanera las actividades políticas y culturales y la expresión del libre pensamiento; pero las medidas dictatoriales de los gobernantes americanos no impidieron el surgimiento de agrupaciones literarias y la circulación de interesantes publicaciones, voceros de los más jóvenes intelectuales de la época.

Por otro lado, y en relación con la cotidianidad de los habitantes de la ciudad de Santo Domingo, que tuvo un importante ensanchamiento durante los años de ocupación, las diversiones y el pasatiempo fueron cambiando rápidamente con la proliferación de nuevos espacios urbanos, tanto en la zona colonial como en los barrios que se iban formando: en la “ciudad colonial” existían el “Teatro Colón”, el cine “Rialto”, el “Teatro Independencia” y el “Capitolio”.

En ese sector eran muy populares el café “Mis Amores” y el “Hotel Colón” con un ambiente de “riqueza inestimable”, pero el lugar público por excelencia para ser visitado por las clases altas lo era el “Restaurant Fausto”, ubicado en la calle Arzobispo Meriño, frente al Parque Colón, próximo al “Teatro Capitolio”; sitio escogido por muchos intelectuales y poetas de clase media para la celebración de tertulias y eventos especiales.

El Santo Domingo Country Club

Dijo que en 1924 el ayuntamiento de la Capital prohibiera que se tocara en la zona urbana el instrumento de origen africano llamado balcié, por considerarlo “desmoralizante, molestoso y nocivo”, y sin embargo no se hacía de la misma manera con la música extranjerizante y se fomentaron deportes como de tenis, el juego conocido como Rogly, el béisbol y el boxeo.

Entre los jovenes de fomentó el consumo de “confites” y otros tipos de golosinas importadas desde los Estados Unidos.

En otros clubes, la juventud bailaba al ritmos de los desconocidos “fox trot”, “shimmy”, “onestep” y ““charleston”.

En cuanto a la religión, hasta muy entrado el siglo XIX, el pueblo dominicano fue de tradición cristiana católica, pero, dijo Ramos, con la presencia americana se incrementaron las religiones protestantes.

En 1922 fue instalada la primera iglesia adventista de la República Dominicana, ubicada en la ciudad de Santo Domingo en la intersección de las calles Mercedes con Sánchez.

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