Si te huele a “grajo dale pa’bajo” y si alguien se mueve, ponlo en 29.
Al parecer, esa es la orden que tienen los policías que están en las calles buscando a los delincuentes “grajosos”, porque solo le dan su merecido a mal nacidos, asalariados de los verdaderos delincuentes, que los usan de carnadas y se quedan como si nada, cuando la Policía los mata por manada sin ningún reparo, argumentando que murieron en intercambios de disparos.
Mientras se elimina a los ejecutores de los hechos delictivos, se protege a los cabecillas que irónicamente siempre se quedan vivos, reclutando y entrenando a nuevos pichones de delincuentes, para mantener en zozobra a la gente decente.
Con el último crimen horrendo, cometido por cuatro desalmados, se demostraron muchas cosas que prueban por qué los asesinatos, disfrazados de intercambios de disparos no resuelven el problema de la delincuencia, porque al morir los sospechosos, no pueden hablar para ayudar a las autoridades a llegar hasta los jefes de pandillas, dentro de la misma Policía, que usan a los ladrones, atracadores y sicarios para cometer sus desmanes y luego los eliminan para que no puedan testificar en su contra.
El apresamiento (“vivos”) de los cuatro criminales que segaron la vida de la esposa del merenguero, en un tiempo récord, se debió a que los autores intelectuales del hecho no eran militares ni policías superiores, de lo contrario hubieran corrido la misma suerte de los más de 20 “fusilados” recientemente.
Darle “pa’bajo” a 20 personas en 24 horas parece gracioso, pero puede ser algo peligroso, porque se está legalizando una pena de muerte medalaganaria, que no está establecida en la Constitución y se aplica con discreción, porque no alcanza a los Reyes de la corrupción, ni a los “jefes superiores que cobran los peajes en los puntos de drogas, que sacan a presos de las cárceles para cometer robos y asesinatos”, entre otras perversidades abominables.


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