martes, 29 de noviembre de 2011

CHÁCHARAS DE NOMBRES RAROS

Por Henry Osvaldo Tejeda Báez

Ahora si que se fuñó la patineta, un juez electoral (debo decir, que la intención de ese hombre no es mala, pero viola un derecho que está muy arraigado en los seres humanos, específicamente en los dominicanos), está buscando la forma de prohibir a los padres de familia, que les pongan nombres "raros" a sus hijos.

Parece que ese juez se encojonó cuando vio todos los nombres que reposan en la Junta Central Electoral, como por ejemplo: Bethoven Mateo, Juan Mozart Carrasco, Barry Bon Moronta, Lucas Nixon Rivera o, John Kenneddy Céspedes.

Pero aunque dije que el juez, puede que esté actuando de la mejor buena fe, no sé hasta dónde quiere llegar, al tratar de anularle con un plumazo el derecho que tienen los padres de familia de ponerle el nombre que quieran a sus hijos, los cuales fueron procreados con el sudor de sus cuerpos, mas aún si furon "fabricados" durante un caliente verano.

Supongamos que a mi amigo José le nace una niña, y que por la suavidad y delicadeza de su piel decide ponerle a su hija como nombre, Suavitel Suarez Díaz. ¿Quién demonios tiene facultad para quitarle el deseo de llamarle así?

Si a mi me da la gana, de común acuerdo con mi esposa, claro está, que es la otra parte de la "fábrica de los macacos", de ponerle los nombres a nuestros hijos a la manera de como hacían los indios norteamericanos (Sioux, Cheyenne.....), antes de que llegaran los Gringos blanquitos, los "cara pálidas"; siii, los mismos que asesinaron a la gran mayoría de esos infelices seres humanos incivilizados , con el único fin de robarles sus riquezas naturales, específicamente, sus tierras. Pero ese no es el tema, eso dejaré para cuando se me monte ese chip anti-gringo que me sale a veces por los poros.

Según me decía un amigo, que es mas "jablador" que un presidente dominicano de la época en que esto escribo, esos indigenas le ponían el nombre a sus hijos de esta manera: al instante en que la india daba a luz a un niño, el esposo salía del tipí (choza) y lo primero que viera afuera, no importa lo que fuera, eso mismo le ponía de nombre al recién nacido.

En el caso de un campesino del sur, imagina usted a la mujer acabando de parir un niño, y el padre (como los indios americanos), lo primero que ve cuando sale al patio es, algo tan normal como un perro haciendo el amor con una perra ya en el tramo final, cuando están "reburujaos" ¿Quién carajo tiene el derecho de prohibirle que él padre le ponga a su hijo el nombre de Perro Pegao, o Perro Gabiao Tolentino?

Puede también darse el caso, que lo primero que viera el esposo al abrir la puerta fuera, a un burro haciendo bolitas en pleno patio. ¿Quién demonios le tiene que prohibir al padre que le ponga como nombre a su niño, Burro Gacho Cagando Pérez"? Así como ese, hay muchos ejemplos.

El parto, pudo haber sido en una casa de Mao, Valverde. Y lo primero que ve el padre del recién nacido es, a un policía de Amet rascándose las nalgas. Aquí se puede hacer una mezcla de nombres de todo el panorama del momento, es decir, del policía, del nombre del pueblo y de lo que hacía el agente; ternaria con llamarle al niño, "Amemao Rascafullín Sosa". ¡Carajo! ¿Se criaría un niño con un nombre así? ¡No lo creo!

Por último, puede que el padre vea a un grupo de cundangos, pero ahí si es verdad que el hijo quedaría marcado para toda su vida si le pusiera lo que a mi se ha ocurrido ahora, es decir, "Respirador Encima de Cocote Ajeno Taveras".

Eso sería un desastre, el hijo nacería desacreditado.



elpidiotolentino@hotmail.com; elpidiotolentino@gmail.com
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