sábado, 28 de junio de 2014

Miguel Ángel Fornerín: “Aquí somos como allá, extranjeros”



INDHIRA SUERO [mediaisla] «La escritura es una actividad marginal. Solo los santificados por el mercado y el poder viven de escribir. Los farsantes, por su parte, usan la escritura para buscar cargos y puestos en las esferas estatales mientras justifican con el silencio el desgobierno y la destrucción»

Con la salida de los hermanos Pedro y Max Henríquez Ureña, entre otros escritores, empieza el proceso migratorio de los intelectuales dominicanos hacia otras latitudes. A juicio de algunos estudiosos del tema, tres razones produjeron la salida de representantes notables de la cultura entre 1900 y 1960.

Primero, el descalabro económico, el malestar político y el desconcierto moral legados al país por el tirano Ulises Hereaux; segundo, el incremento de la emigración europea hacia Norteamérica y, tercero, la persecución ideológica ordenada por el dictador Rafael L. Trujillo.

A partir de 1960, la situación se modificó con el asesinato de Trujillo y la Guerra de Abril de 1965. El sentimiento de inseguridad, junto a la crisis económica, motivó a que cientos de nacionales emigraran a países como Estados Unidos y Venezuela.

En la década de los 70, la presencia de la literatura dominicana en EEUU no fue notoria, “dado que un número considerable de ellos provenía de zonas rurales del país, generalmente con una formación académica muy limitada”. Según Gutiérrez, “la década de los ochenta marca el despegue de la literatura de la diáspora dominicana newyorkina”. Más adelante, a partir de los 90, se define la presencia de los novelistas y poetas en la Gran Urbe y los autores presentan “un marcado interés por la problemática propia del espacio geográfico y social donde desarrollan sus vidas cotidianas”.

—¿Por qué decidió partir hacia el extranjero?

—Porque al carrito destartalado de la esperanza y de los sueños utópicos se le había acabado la gasolina.

—¿Se puede hablar de una “diáspora” de escritores dominicanos en Puerto Rico?

—No creo. Solo pienso en la diáspora israelita. Lo demás es un invento, muy conveniente para algunos. Aquí hay exiliados económicos que cargaron con sus lapicitos y libretitas y siguen, después del naufragio, pergeñando cuartillas; soñando con el espacio del nunca jamás.

—¿Qué género es más cultivado por los escritores dominicanos en el país que reside?

—La desesperanza. Un nuevo género literario… Pues de los clásicos y modernos… el ensayo y la poesía. Ensayista es Eugenio García Cuevas, uno de los mejores de la generación que comenzó a formarse y a publicar en los años ochenta. También escriben ensayos Pedro San Miguel y Giovanni Di Pietro; poesía y ensayos, todos; menos San Miguel. Carlos Roberto Gómez Beras es poeta; un excelente poeta. Doris Melo, es estudiosa y poeta. De Gómez Beras, Viaje Al corazón del hombre es uno de los mejores libros de poesía que he leído en los últimos años. También escribimos cuentos y novelas…

—¿Debe un escritor (a) dedicarse al “pluriempleo” en el país que reside?

—Los escritores de aquí, como los de allá, sobreviven al capitalismo brutal que ya no necesita más obreros ni empleados en todo el mundo; que tiene un ejército de desempleados, mientras los grandes del capital siguen teniendo buenos dividendos. Note que ya los dominicanos comenzaron a pelear con los haitianos por puestos de trabajo. Lo mismo se siente en Puerto Rico. La miseria es igualadora y desata las luchas y los nacionalismos más crueles. La escritura es una actividad marginal. Solo los santificados por el mercado y el poder viven de escribir. Los farsantes, por su parte, usan la escritura para buscar cargos y puestos en las esferas estatales mientras justifican con el silencio el desgobierno y la destrucción de los recursos naturales en la patria lejana, en el país surreal.

—¿Qué retos o limitantes enfrenta un escritor (a) dominicano en el extranjero?

—El mismo reto que en cualquier parte. Escribir una obra que pueda trascender a su tiempo. Las limitaciones, no siempre son las mismas, pero nadie vive aquí de la escritura. Allá tener nombre de escritor e intelectual, lo puede encumbrar en un cargo público. Aquí somos como allá, extranjeros. Tal vez la única divisa sea asumir el discurso de Meursault, en L’ étranger, de Albert Camus.

—¿Cómo influye la forma de vida y costumbres del país en que reside en su estilo de escribir?

—No veo diferencias fundamentales. Tal vez que aquí tenemos una concepción del tiempo distinta. Creo que hay una cierta cultura fabril. Solo descansamos durante las vacaciones, que generalmente la ocupamos en escribir.

—¿Cómo mantiene un escritor (a), que vive en el exterior, contacto con sus raíces?

—Pienso que ya dejamos de ser árboles. Somos anémonas o líquenes. Nos comunicamos por vía marina. Somos criatura del agua, producto del naufragio de las ideas nacionales. Vemos la política de allá, como la de aquí, cual farsa; una comedia actuada por cínicos que, buena gente como son, nos buscan para aplaudir, para limpiarles el saco, para soplarles el pote o para levantarles la cola. El que no lo hace sufre la invisibilidad, la marginación…

—¿Qué diferencias hay entre ser escritor (a) en Republica Dominicana y el país en que reside?

—Por aquí aún quedan algunas universidades en la que se puede enseñar y realizar carrera muy decentemente. En las que hay programas de investigación y en la que se toman en cuenta algunos estándares en los que aun pensar y escribir y crear son importantes. No estoy muy esperanzado en las mejorías. Vamos de reversa. Por lo demás, es lo mismo, o muy parecido. La escritura es siempre un desafío muy individual. Lo que la puede cambiar es, a mi manera de ver, la educación y la lectura. Pero la burguesía ya dio la educación que quería. Lo demás es un fastidio para el presupuesto y un peligro para sus estrategias de dominio. En fin, no se necesita escritores. La gente que puede escribir, pensar y crear con cierta coherencia, belleza… es un lujo en estos tiempos. Lo que la sociedad necesita es payasos, raperos, velinas siliconadas; tipos como Omega…Como lo que aparecen en la alfombra roja del Casandra… ¿Ha visto Uds. cómo se reinventa el mulataje caribeños y se espejea en la moda de Nueva York? ¿Qué importancia tiene para la sociedad del espectáculo la literatura? ¿Par los programadores de televisión, por ejemplo? Cuando publiqué mi primer libro en 1984 atendía a dos canales de televisión que me entrevistaron y otros asistieron con sus cámaras al acto. En estos tiempos, tan comunicables y revocables, ¿ha viso Ud. la televisión en una actividad cultural letrada? Si la respuesta es negativa, piense que las letras no tienen importancia para la generalidad de las gentes. Le lanzo a Ud. este órdago: ¿por qué no va Ud. Un día y les pregunta que cuál libro o novela leyó esta semana a una presentadora, una de esas que están muy buena, que se retrata con poca ropa, que vende calendarios, que va donde el cirujano plástico cada uno o dos años, que presentan en demasía sus contornos? ¿Cuáles son las lecturas de sus hijos? ¿Pregúntale si leen con ellos? Ud. Podría muy bien hacer la tarea. Pero es una pregunta incómoda. Otra muy incomoda a los políticos y al presidente (que sin dudas es un lector, pero que nadie lo ha visto en la puesta en circulación de un libro o en una exposición de pintura, por lo menos desde que es presidente). Y mire que es un hombre preocupado por la educación, posiblemente el más preocupado de las últimas décadas. ¿Cuántos libros tienen en su casa, los dueños del espectáculo, los dueños del circo nacional? Pregunte el argumento de tres novelas dominicanas a la generalidad de los hombres públicos. Vaya a la Cámara y al Senado. Pregunte cuantas bibliotecas han inaugurado personajes como Amable Aristy Castro y otros faunos de nuestra selva política… Lo demás es espuma.

— “La mayoría de escritores que viven en otros países, generalmente suelen ganar premios en R.D. y publican más libros en su país de origen que en el que residen”… ¿está de acuerdo con esto? ¿A qué lo atribuye?

—Me alegra que ganen premios en cualquier lugar. Es mucho el esfuerzo que hay que hacer para ser escritor y es poca la recompensa. Ganan premio porque escriben bien y en español muchos de ellos que viven en países que no hablan el vernáculo. Una minoría también los gana por componendas. Pero la mayoría realiza un gran trabajo. Por ejemplo, Eugenio García Cuevas, ha ganado dos veces el Premio Nacional Pedro Henríquez Ureña. Ese es un gran logo de uno de nuestros mejores ensayistas, como ya señalé. También René Rodríguez Soriano, que vive en Texas ganó los Premios de Poesía de Novela de la UCE … yo he perdido más premios de los que he ganado. Hasta ahora era un perdedor. Tenía casi veinte años que no ganaba uno. Pero no se puede ver el resultado de una obra solamente por la obtención de lauros. En los países que residimos no cantamos como creadores porque no somos parte de esa tradición literaria, ni hay un gran mercado para el libro en español. Note que quienes escriben en inglés, como Junot Díaz y Julia Álvarez, tiene otra estimación del mercado.

Creo que la literatura dominicana es una, no importa el lugar donde se realice. Los escritores de adentro que sienten que los de afuera son una competencia, deben escribir cada día mejor y competir. Eso es todo. Lo demás es sociología; de lo que debemos hablar es de arte. Aun así, la literatura de adentro sigue siendo la literatura dominicana; la de afuera es un matiz vivible y extraordinario que la prestigia. Se publica aún en Santo Domingo por la grandeza de nuestros editores, como José Pérez, que ha llevado el libro dominicano a una gran altura y además su don de gente ha permitido que muchos publiquen. Búho y José están en la historia de la literatura aunque nadie los mencione. En cuanto a las ediciones oficiales como Ferilibro o la Editora Nacional, todo el que allí publica es porque ha ganado algún premio, muy poco por “enllavismo” político. Yo he publicado un solo libro con la oficialidad, porque me lo solicitaron. No se lo he pedido a nadie. En Puerto Rico las ediciones son muy caras, pero hemos tenido mucho apoyo universitario para la publicación, como es mi caso. Tanto Eugenio, Di Pietro y Carlos Roberto Gómez publican sin estar anotados en el presupuesto nacional. En fin, es la nuestra una literatura que se vale por sí misma. Sin el Estado y su mal aliento…

—¿Cuáles eventos dirigidos a los escritores dominicanos se realizan en Puerto Rico?

—Ninguno.

—¿Piensa volver a República Dominicana?

—Siempre deseo ver a los familiares y charlar con los amigos. Volveré a vacacionar, sí. Creo que cada vez me despido mejor.

COMENTARIO EXTRA:

Un dato feliz. Ya salió de prensa “La escritura de Pedro Mir”, un libro que parecía que había nacido para quedar inédito. Toqué muchas puertas y nunca se abrieron. Agradezco infinitamente al Fondo para el Desarrollo de la Investigación, de la Universidad de Puerto rico en Cayey, y al Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe por hacer posible que aparezca después de tantos años. Es un estudio muy detallado de la obra del Poeta nacional dominicano… ¡Ah, y desearía escribir un cuento, para titularlo: “Queremos tanto a Luis”!

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INDHIRA SUERO, periodista dominicana.


elpidiotolentino@hotmail.com; elpidiotolentino@gmail.com
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