lunes, 18 de agosto de 2014

Un pacto antidemocrático

Hace referencia al pacto por la democracia y la gobernabilidad municipal


Por Wanchy Medina
Twitter: @WanchyMedina

A mediado de la década del noventa, el líder dominicano, José Francisco Peña Gómez sugirió a los políticos del momento pactar para atenuar los enfrentamientos que se suscitaban en los ayuntamientos al momento de elegir los bufetes directivos de las salas capitulares (ahora Concejos de Regidores)[1].

Con el transcurrir del tiempo se ha hecho una costumbre que en el mes de agosto, las fuerzas políticas con mayor cantidad de concejales, se reúnan para armonizar la escogencia de los bufetes municipales.

A simple vista, se nota como algo ecuánime que la clase política se ponga de acuerdo en temas tan importantes como la gobernanza en los ayuntamientos; la famosa regla de oro plantea que donde alcalde/sa sea de un partido, el presidente del concejo sea del mismo partido, o mejor dicho, que el presidente del concejo sea señalado por el alcalde/sa para que se sienta más “cómodo”.

No podemos dejar de reconocer que los ayuntamientos en momento de pensar en el pacto por la gobernabilidad municipal vivían tiempos álgidos, y que todavía en la actualidad hay mucha violencia los 16 de agosto en el cambio de la directiva municipal.

Sin embargo, debemos de apelar a dos cosas importantes, una es, la debilidad de los partidos políticos en el sentido de que no han podido hacer sólida una estructura docente en su interior para formar a los miembros que estarán frente a las instituciones públicas; y la otra, el valor antidemocrático que deben asimilar los actores municipales para considerárseles ventrílocuo o papagayos de los intereses de los líderes políticos, no así de la nación dominicana.

En ese sentido, el concepto de presentación ha tenido una discusión eterna en la historia de las ideas políticas, muchos han criticado que los representantes tengan como intermediarios a los partidos por el cual fueron postulados, uno de los principales postulante de esta teoría es el gran maestro francés Maurice Duverger, otros en cambio plantean que los partidos deben bajar una línea homogénea a los funcionarios que fueron electos en sus boletas.

Ambas posiciones han sido centro de discusiones y debates en círculos de teorías políticas.

Los grandes exegetas de la filosofía política concibieron al parlamento como un equilibrio de las decisiones del poder ejecutivo, de igual manera debe suceder en la relación de los alcaldes y los concejos municipales.

Los concejos de regidores deben convertirse en contrapeso del poder que ostenta el alcalde, de allí la teoría de algunos experimentados en temas municipales donde plantean que el presidente del concejo de regidores muy bien sería estar en manos de la oposición para un mejor balance.

En el caso del pacto por la gobernabilidad municipal en la República Dominicana, se da el postulado de los que creen que los partidos políticos deben ser los receptores de posiciones que llevan sus miembros en las instituciones públicas, esto no es estrictamente criticable por el suscribiente de este artículo, sin embargo, donde reside la debilidad es, que se toman las decisiones sin ni siquiera consultar a los que están en el terreno de juego.

Es muy fácil sentarse en el salón de un hotel y firmar papeles comprometiendo el voto de un funcionario que está a más de 200 kilómetros de distancia, sin por lo menos preguntar cuál es la realidad de los ayuntamientos.

Además, este pacto pierde valor democrático cuando se supone que el pleno del concejo municipal es soberano, y es quien debe elegir dentro de sus iguales al miembro tiene los meritos para ser presidente.

No es lo mismo seleccionar un presidente del concejo con meritos, que elegir un presidente que convenga al alcalde o al líder político de la comarca.

Si suponemos, como en efecto lo es, que cada ayuntamiento tiene una realidad diferente, no es justo que se firme un convenio pactando elecciones de bufetes generalizando los acuerdos, si cada ayuntamiento tiene una realidad diferente, el pacto tiene que dejar una ventana abierta para las particularidades y no atreverse irresponsablemente pactar generalidades.

Ha llegado el tiempo en que los actores municipales deben madurar para que sean revestidos de confianza y así ser tomados en cuenta al momento de definir y pactar por quién votar.

Votar por una moción debe tener un valor democrático individual y con sentimientos de colectividad que acerquen a los partidos y sus representantes. Si así no fuere, el sentido democrático del voto pasa hacer mecánico por intereses particulares.

[1] Artículo 201 de la constitución dominicana.

* El autor es Regidor de La Romana.-


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