Por Eleuterio Martínez
La Isla Catalina es una porción terrestre separada de la Isla Española, o tierra firme, compuesta por tres terrazas superpuestas. La primera, que es la más elevada, se encuentra a 20 metros sobre el nivel medio del mar, paralela a la costa sur de la misma.
La segunda está ubicada en los mismos contornos de la primera, pero es tres veces más grande que ella y se encuentra a 10 metros sobre el nivel del mar. La tercera terraza cubre todo el contorno de la isla, la cual tiene una forma triangular, con un litoral costero que alterna playas y acantilados de pequeña elevación.
La superficie de la isla es de un relieve suave, es decir, con una topografía prácticamente plana, pues la mayor extensión de su territorio no sobrepasa los cinco metros de elevación. Paralelo al litoral de la costa occidental y en dirección norte-sur, se forma una duna alargada en forma de muro, con casi cuatro metros de elevación.
Como la duna es una barra de arena que se extiende de norte a sur formando un muro, que a su vez se formó por las deposiciones de las olas marinas, el agua del mar se mueve horizontalmente hacia una depresión en forma de laguna que se comporta como tal mientras permanece la marea alta (pleamar), o durante la época lluviosa y como un salado durante la marea baja (bajamar). Toda la superficie de la isla es una costra rocosa sobre la cual se desarrolla la vegetación, pues prácticamente no tiene suelo. En toda su extensión territorial se desarrolla una vegetación típica del bosque seco subtropical, de pequeño y mediano porte. Los árboles más desarrollados se encuentran en las depresiones más acentuadas.
La Catalina tiene tres playas de importancia (del Oeste, del Norte y del Este), dos de las cuales tienen gran potencial para el desarrollo sostenible del turismo (las del Este y del Oeste), a pesar de que en la actualidad solamente se utiliza una (la del Oeste). Además de las playas antes mencionadas, que ocupan más de dos terceras parte de su litoral, la Catalina tiene costas rocosas muy singulares, las cuales bordean su parte meridional, formando farallones en algunos casos y acantilados en otros.
En la temporada ciclónica, éstas son las costas más expuestas a las inclemencias de los factores climáticos que se dejan sentir con tanta intensidad. Esta isla se encuentra rodeada por prominentes barreras coralinas en formas más o menos circulares y en bancos. La estructura de estos arrecifes, como en todas las zonas tropicales, está conformada por esqueletos de coral y pólipos (corales vivos) y gran diversidad de algas marinas. Estos ambientes constituyen en paraíso de las más variadas formas de vida marina: protozoos foraminíferos, gusanos, moluscos, morenas, esponjas, erizos de mar y peces multicolores.
Isla Catalinita
En uno de los rincones más escondidos de la geografía patria, haciendo pininos entre tierra firme y la isla Saona, acostada sobre un manto arrecifal y aunque indefensa, nadando contracorriente y desafiando las olas del Océano Atlántico, que descarga toda su furia contra las crestas de sus acantilados de cabecera, encontramos la isla Catalinita.
Demasiada belleza para una geografía tan diminuta. Tan original como si hubiese acabado de nacer, como si fuese el primer ensayo del Creador o como si fuese un terrón que cayo al mar cuando Dios llevaba en sus manos el puño de tierra para hacer la Saona. Tan joven que todavía no ha llegado a la pubertad y tan inocente que no le teme a la furia de los ciclones o las tormentas tropicales que frecuentemente la están bautizando.
La isla Catalinita es tan pequeña que ni ella misma cree que realmente sea una isla, sin embargo, tiene atributos suficientes para demostrar la diversidad espacial requerida o para exhibir la heterogeneidad típica de cualquier territorio insular, es decir, le sobran dotes para convencer a cualquier geógrafo que intente despojarla de tal categoría.
Tiene una superficie de 0.22 kilómetros cuadrados (realmente muy modesta), es decir, 22 hectáreas que equivalen a 350 tareas. Su litoral costero tiene dos kilómetros de longitud. Sus dimensiones máximas varían entre 880 metros de largo y 260 de ancho. Tiene un cayito satélite, en su extremo sudeste, con vegetación natural al igual que su madre, el cual es el refugio preferido de una gran variedad de aves costeras migratorias.
Tiene además cuatro cayitos periféricos pero que no muestran señales de vida. Los ambientes mediterráneos de la Catalinita se componen de dos sábanas o llanuras con vegetación de gramíneas: pequeños promontorios en cadena, continuos y discontinuos, los cuales parte del occidente y se dirigen hacia el oriente en principio para luego seguir serpenteando hacia el noreste, bordeando la costa y formando la espina dorsal de la isla. Los ambientes costeros están dominados por acantilados, farallones o arrecifes interrumpidos algunas veces por pequeñas playas, muy especialmente hacia el oeste, al sur y sudeste. Al norte y al noroeste no existen playas, sino acantilados puntiagudos, los cuales dominan su litoral.
El entorno marino inmediato a la Catalinita se caracteriza por aguas cristalinas o transparentes muy someras, salvo su extremo nor-oriental donde la barrera arrecifal desciende bruscamente. Toda parte marina occidental, salvo pequeños huecos y media lunas de arenas blancas, está dominada por extensos pastos marinos, es decir, por hierbas fanerógamas marinas que le sirven de hábitat natural y de nicho ecológico a la vida marina circundante.
Está cubierta por una vegetación peinada como respuesta al predominio de los vientos locales del Este y alisios del nordeste que permanentemente azotan la isla. Toda la vegetación superior tiene porte arbustivo, en forma de bonsái recostado, salvo cocoteros del centro de la isla y manglares (mangle rojo, prieto, blanco y botón) que se concentran en el litoral costero de la misma.
En las playas, la mayoría muy pequeñas, se observan montículos de conchas de lambí como reflejo de la actividad de las olas, las praderas marinas donde viven y la pesquería, que ha sido el uso que históricamente se le ha dado a este pequeño territorio insular. La Marina y los pescadores fueron quienes introdujeron el coco en la isla, en la década de los 40, principal elemento foráneo que se aprecia en ella. La avifauna domina el espacio con todo tipo de especies migratorias entre las que se destacan las tijeretas, los pelícanos, los playeritos, las gaviotas (de diferentes tamaños y colores) y los patos (también muy diversos).
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