miércoles, 1 de agosto de 2012

CHÁCHARAS: CARAJO!!!

Por Henry Osvaldo Tejeda


 Así como hay otras palabras que en un momento dado nos hace salir del exceso de tensión cuando la pronunciamos, también tenemos la palabra carajo, que nos sirve a los dominicanos como un escape y desahogo cada vez que queremos transformar en una palabra, un gran problema que nos acogota en un momento determinado.

Alguien se inventó: ¡E'palante que vamo!
Yo puedo decir: E'pal carajo que vamo!
Otro dijo: "El perro de Mamá Belica"
Yo puedo decir: ¡Qué maldito perro del carajo!
Otros dicen: ¡A paso de vencedores!
Yo puedo decir: ¡Y estas garrapatas! ¿De qué carajo hablan? 

Nos desahogamos con la palabra carajo, ya que es una de las más decentes entre las palabras calificadas como soeces y/o plebes.
El carajo es nada. "....No entiende un carajo"
El carajo es nadie: "...A quién carajos le importa esa vaina?"

¿Cuándo la usamos?
Cuando hay un chico fuñéndonos la paciencia, lo usamos como adverbio de lugar:
 
¡Pero chacho'el Diablo, vete pa'l carajo a joder la pita!  (En este caso, el carajo viene siendo un lugar imaginario. Eso no lo dice la RAE, lo digo yo por simple apreciación, y como aquí cualquier carajo hace sus propios vocablos, yo no soy menos que los demás, ¡Qué carajos!

Cuando queremos sobresaltar los valores negativos de alguien, lo usamos como interjección:
 ¡Carajo, pero que hombre más bruto! 

 Como interjección también, cuando nos cuentan que a alguien le pasó algo malo: 
¡Anda pa'l carajo! Ahí  mismo le pasó el palé. 

Hasta como adverbio de lugar lo usamos, cuando nos alegramos de  la ausencia de alguien que no nos cae bien:
¡Por fín, ese azaroso se fue pa'l carajo!

Cuando algo nos asombra, se usa como interjección: 
¡Carajo, pero hay que estar vivo para ver vainas! 

Cuando pensamos que alguien no debio hacer una cosa, lo usamos como sujeto: " A ese carajo le cayó del gas morao!

Igualmente se usa así *y en diminutivo) en frases de enojo: 
¡Le tengo un maldito odio a ese carajito! 

Cuando nos referimos a una persona de poca monta, que no tiene arraigo en la población; un cualquera:  
¡No ombe, ese es un carajo a la vela! 

¡Carajo,  ya está bueno de hablar de la palabra carajo, no sé qué carajo van ustedes a pensar de mi, por ponerlos a perder el tiempo, leyendo estas carajadas. ¡Lo siento!



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