sábado, 8 de septiembre de 2012

CHÁCHARAS: MI DESCANSO PLAYERO Y LA BALLENA


Por Henry Osvaldo Tejeda

Hace unos cuantos meses, me vino a buscar un amigo a mi casa para invitarme a tomarnos unos cuantos "directos al hígado", era día feriado pero yo no tenía deseos de salir porque estaba cerca del sábado y sólo "me voy a los puños" con Juancito El Caminador ese día. No sé porqué sigo peleando con Juancito, si el que siempre sale "achocao" soy yo.

Le di las gracias, pero el amigo insistió en que fuera con él:
_ Mira, vamos a llegar a la Playa Bayahibe y si no quieres beber, te acuestas en una hamaca que tenemos amarrada entre dos matas de coco y hasta un televisor hay en el lugar, para que te entretengas mientras descansas respirando el yodo de la brisa marina.

No hubo remedio, dejé sobre la mesa el libro que leía sobre el profeta Jonás y me dispuse a irme con mi amigo; en una hora estaba yo instalado en la playa, enaramado en  la hamaca y viendo en el televisor una actividad política,  con tan mala suerte de que quién hablaba, era "El encantador de pobres", el que más habla y que de tanto hablar, no dice nada que le convenga al país. 
Estaba el faraón Leonel Fernández con su característica pose de engaña gente, haciendo gala de lo que más le gusta, la telegénia, es decir, posar hablando. Así interpreto yo esa vaina.

A finales de la década de los setentas, leí un artículo donde Leonel decía algo así como que, no es importante lo que usted le diga al público desde una tribuna, siempre y cuando lo sepa manipular.

El infeliz personaje (a la sazón, era un descascarado, ahora ya es multimillonario) , quería dar a entender en su artículo, que usted puede hablar todas las mentiras que le dé su maldita gana, pero que si las dice imprimiéndole los gestos adecuados a su cara y hace las gesticulaciones debidas (previamente ensayadas), la gente le creerá todo lo que usted diga.
Al menos eso creé él, aunque parece que le ha dado resultados, porque durmió a medio pueblo durante doce largos años. 

Eso quiere decir que, ese "cucharada de moco" (nadie lo traga) ya había estudiado las mil  maneras de cómo engañar al pueblo. Desde esa fecha dejé de leer el periodiquito Vanguardia del Pueblo, y no quise saber más del ahora multimillonario y corrupto personaje.

Yo seguí mirando el acto político donde el hombre seguía con su bla bla bla Lo veía y oía entre sueños, tenía mucho sopor. En un momento escuché un gran griterío e instintivamente volteé la cabeza hacia el lugar de donde provenía el alboroto.

_ ¡Se lo tragó, se lo tragó! ¡La ballena se lo tragó! -Gritaba una señora-
_ ¡Que alguien haga algo, coño! ¡No dejen que se lo trague esa ballena!
_ Un militar dirigió su mirada hacia la ballena, agudizando la vista gritó:
_ ¡Ay, coño! ¡Es el presidente Fernández que está en la boca de esa ballena!
_ ¿Y van a dejar que se lo trague con todo y ropa? ¡No sean inhumanos, hagan algo, carajo! 

Yo no pude aguantar la emoción, salté de la hamaca y corría hacia la playa pero no para salvarlo, sino, para ver todas las muecas que hacía el presidente mientras era zarandeado por la ballena; está demás decir que me estaba riendo de oreja a oreja. 

No paraba yo de reír y de vocear: 
¡Sal de ahí ahora, vale Leo, tú eres el presidente y tienes medio país comprado! ¿Por qué no compras a esa ballena? ¡Anda, ofrécele un ministerio a ese cachalote! jajajaja.  
 
¡Mírenlo ahí, ese es el presidente de ustedes! En lugar de estar desesperados, ¡tómense un trago porque ya se no nos joderá más! 
_ ¡Que alguien busque la silla presidencial para que se la tiren, a ver si se salva! jajaja, ja ja ja. 

_ Me reía como un loco, tenía yo en los ojos una mirada estrábica, parecía que estaba poseído por una alegría tan inmensa, acompañada a su vez de un encojonamiento raro, en fin, es difícil de decir lo que sentía yo en esos maravillosos momentos. En eso estaba cuando sentí que me dieron un tacazo en la cabeza, a la vez que escuché una voz que me decía:

_ Pero hombre del Diablo, ¿de qué maldita ballena estás hablando?
¿Por qué estás diciendo que a Leonel se lo está tragando una ballena? ¡Despiérta, carajo! ¿Qué es lo que te está pasando?

Era mi amigo que, mientras de me daba por la cabeza con una jícara de coco y me "remeneaba" con bruscos estrujones para despertarme.

¡Diablos!  Me quedé dormido viendo a Leonel hablando por televisión en ese acto político; me durmió el hombre.
Cuando recobré la calma, me sentí frustrado; tan cerca que estuvimos de salir de ese azaroso.



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