martes, 6 de noviembre de 2012

MAYORES PARA EL CRIMEN, MENORES PARA EL CASTIGO


Por Brígido Ruíz
dr_brigidoruiz@hotmail.com

No hay que hacer ningún esfuerzo intelectual para entender con ese titular de qué trata este artículo, pues sólo hay que oír, ver o leer los titulares principales de los medios radiales, televisivos y escritos del país que destacan como protagonistas de primer orden en la actual oleada de criminalidad que sacude nuestra sociedad, a jóvenes menores de 18 años que, en su mayoría, a pesar de su edad tienen un conocimiento para discernir sobre lo bueno y lo malo más claro y elevado que el que tenía mi abuelo con treinta (30) años cumplidos.

En la media centuria del siglo pasado prácticamente no había transporte de vehículos de motor, ni aviones comerciales, no había servicio de telefonía, computadora, Internet, celulares, teléfonos inteligentes (smartphones), Ipads; no había debates públicos sobre elaboración de leyes, existían limitaciones graves para accesar a la educación, el turismo era nulo.

Esas carencias implicaban pocas alternativas para alcanzar ideas, conocimientos o comprensión de las cosas; de ahí la ignorancia e inocencia en que vivíamos. En esas circunstancias era muy probable que un joven antes de los 18 años no pudiera distinguir sobre las consecuencias de sus actos. 

Sin embargo, hoy en día un joven de dieciséis (16) años, aún sin formación de escuela, por toda la accesibilidad a los medios anteriormente señalados conoce la repercusión de sus actos.

En mi experiencia de vida, como ciudadano común, pero también como procurador fiscal, juez de Primera Instancia, juez de Cámara Penal y presidente de Corte de Apelación que incluía atribuciones en los procesos de menores y de familia, me he encontrado con adultos de cuarenta (40) años inmaduros y de pobre discernimiento, y por otro lado he conocido jóvenes de dieciséis (16) y diecisiete (17) años con una gran madurez y alta conciencia ciudadana.


Actualmente hay un debate nacional abierto resultante de un proyecto de ley sometido por el diputado Teodoro Ursino Reyes, representante de La Romana, que contempla un aumento en las sanciones a imponer a los menores culpables de actos reñidos con la ley penal. 

Desde nuestra óptica, esta iniciativa del congresista romanense es alentadora y debería merecer el respaldo de una sociedad que está sometida al  horror por crímenes espeluznantes cometidos en un alto índice por menores de edad.     

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