viernes, 9 de agosto de 2013

FRANK LUNA¡ El arte como bandera del amor y la fraternidad!

Escrito por: AMABLE LÓPEZ MELÉNDEZ

Una práctica política del amor y la fraternidad a través del arte se me revela como fértil dimensión de lo inminente. Espíritu fraternal y acción artística se combinarían para desbordar y transbordar los aislamientos, fronteras, mitologías, rituales y entrecruces culturales del caos globalizante, así como los deslumbrantes e inefables caudales del absurdo cotidiano que proclama el folclore de la posmodernidad.

Desde esta visión proliferante y despejada, podríamos advertir, no sólo la apertura del proceso de “liquidación” de las cartografías identitarias nacionales y regionales del siglo XXI, sino también los implicantes ensayos de nuevas prácticas políticas y nuevos sistemas de derechos, deberes y relaciones de los seres humanos con las otras especies de la Tierra, con los distintos ecosistemas y recursos vitales de la naturaleza y hasta con las diversas formas del tiempo.

Asimismo, la acción solidaria a través del empoderamiento de la imaginación se torna efectiva como vitalidad emocional y sanación espiritual; como proyecto poético-operativo-eminentemente existencial y como ejercicio íntimo de libertad creativa. Esta acción es única y totalizadora. Es expansiva, como una reacción en cadena. Contamina el ambiente con el energético ejercicio de pensamiento e imaginación.

En este contexto, y especialmente desde el Caribe y Centroamérica, se torna cada vez más urgente la promoción y el fortalecimiento de los vínculos o intercambios artísticos y culturales como ejercicios revitalizadores de las grandes utopías espirituales; como sublimaciones de la sensibilidad a través de las cuales los individuos, los artistas, los pueblos y las naciones, llegarían a materializar las profecías de la fraternidad: el reconocimiento de que los “otros” son nuestros hermanos y de que, ante todo, no puede haber razón válida para imponerle, a nadie ni a cualquiera, nada de lo que cada uno no estaría dispuesto a aceptar.

“Cultivemos el amor y pongamos en práctica ese amor, porque todos los problemas que aquejan a la humanidad en general, se deben sencillamente a falta de amor”… Junto a esta declaración tan objetiva y estremecedora como igualmente lúcida y comprometida, Frank Luna, carismático y polifacético artista romanense que se distingue por una entusiasta, consistente y fructífera labor, nos avanza una selección de las 5,000 imágenes que integran su proyecto expositivo titulado “Mi Bandera es tu Bandera”, sin duda, una de las propuestas artísticas y culturales más ambiciosas y significativas que hayamos registrado recientemente en Santo Domingo.

Frank Luna sostiene que “Mi Bandera es tu Bandera” es un proyecto que consiste en varias exposiciones itinerantes con las cuales se propone la materialización de un “gesto de amor y armonía”, tanto para los dominicanos como para los distintos pueblos del Caribe, América Latina y el resto del mundo, con el deseo de concienciar en torno al significado de los colores de la Bandera Nacional, así como sobre la importancia de los símbolos patrios, de la diversidad cultural y de las riquezas naturales de la República Dominicana.

Se trata de un inspirado y amoroso reconocimiento de Frank Luna a la magia consubstancial y a la extraordinaria fuente de signos que contiene en sí misma la dominicanidad como imagen. El principal objetivo del artista con “Mi Bandera es tu Bandera” consiste en la posibilidad de llevar estas exposiciones fotográficas itinerantes “por todo el planeta y dondequiera que se pueda”, soportadas siempre por una conferencia sobre el historial de la Bandera Nacional y aprovechando el contexto de la celebración del Bicentenario del natalicio de Juan Pablo Duarte.

Y sucede que es casi imposible que las dimensiones esenciales de la dominicanidad no hayan sido “frisadas” de manera hermosa y magistral por la cámara de Frank Luna. La magia de la naturaleza. El paisaje marino y los alucinantes crespúsculos del Este de la isla. Los rostros adolescentes, viriles, azorados, tiernos y esperanzados del batey. Las comparsas y personajes del Carnaval. Los guloyas inmortales. Las ardientes resolanas de los caminos y cañaverales. Las grandes figuras de la música culta y popular dominicana. Las tradiciones religiosas populares. Los monumentos y vestigios coloniales. El absurdo y las delicias del delirio cotidiano.

Imágenes claves de un ser polisintético, aglutinador, consumador y transmutador. Ser desbocado en la fuga, en su melancolía y en sus dorados espejismos. Cifras del amor, de la esperanza y de la belleza como persistencia de la espiritualidad materializada. Cifras de los niveles de transparencia que llega a adquirir la elaboración simbólica de nuestra consciencia en los mejores hallazgos de la práctica fotográfica de Frank Luna y en la producción simbólica dominicana contemporánea.


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