lunes, 24 de septiembre de 2012

CHÁCHARAS: VIVENCIAS EN SAN JOSÉ DE OCOA: EL PARIGUAYO


Por Henry Osvaldo Tejeda




La palabra paraguayo en buen dominicano significa: un tipo tonto, bobo, tímido; alguien a quien lo separa el grosor de una mano de pintura, de la estupidez.

Que le tiene miedo a las mujeres, y que prefiere mandar a otro a que le hable por él a las chicas que le gustan, la vergüenza le amordaza la boca. El uso de celestinas en este tipo de personas, es vital.

Pariguayo, viene de las palabras inglesas "Party-Watcher". Así se les llamaba a los guardianes de la época de las colonias que cuidaban las fiestas; se pasaban horas sin moverse fuera de los palacios, con una lanza en manos. 

Es casi lo mismo que la combinación inglesa de las palabras watchman, que significan “vigilante’ o, “sereno”. Aquí, esas palabras derivaron en Guachimán. ¡Imagínese usted!

En todos los grupos de adolescentes, siempre hay un pariguayo. Yo digo que, la adolescencia es la edad en que se  empieza a descubrir el gusto, que regularmente ocurre mientras nos bañamos; no hay nada de morbosidad en nuestras mentes simplemente se descubre y ya, lo otro viene por añadidura, es decir, "hacer cocote" cuando miran a las mujeres las curvas, los senos, los gluteos y sobre todo, ¡ejem!, eso mismo que está usted pensando, entre otras "cosas".

La Masturbación yo la bauticé, como la etapa de las 30 manos. Los adolescentes parecen jugadores de dados. ¿Han visto los movimientos de las manos de los jugadores, antes de lanzar los dados? Primero los soplan, y luego los masturban. ¡Cábalas de jugadores! 

Por las noches, un chico pariguayo (tímido debería decirse) al acostarse se  vuelve un Don Juan Tenorio, piensa en todo lo que siente y en lo que le va a decir al otro día a la chica que ama, elige las palabras más adecuadas pero su problema más serio es, la manera de cómo le va a entrar a esa chica.

Ese es el momento en que la puerca le retuerce el rabo. No tiene ni idea de cómo hacerlo.

En las noches, sólo acompañado de su almohada, el sujeto arma en su mente el escenario perfecto; no puede haber más nadie que su amada y él al momento de su destape,  ni siquiera su mejor amigo, no vaya a ser que las cosas le salgan mal y ser luego, objeto de burlas por no saberse enamorar. 

Él piensa que puede ser en la hora de recreo de la escuela, ; la llamará aparte con toda la gentileza del mundo y le dirá cuánto la ama, a la vez que le pedirá amores. Eso es lo que en este país llamamos "hacer cocote sano con una chica". También se hacen, cocotes insanos, pero este no es el caso. Aquí hablo de un imberbe, que nunca ha usado la lengua, que no sea para comer.

"No, en el recreo no -sigue pensando-,  mejor que sea a la salida pero....Nooooo, tampoco a la salida, seguro que tendrá mucha hambre y estará desesperada por llegar a su casa, y ni caso me hará". 

¿Y si le digo que le voy a ayudar con los cuadernos?
¿Y si me dice que no, qué hago entonces luego de pasar esa vergüenza?" 
No quiere correr riesgos, quiere "acotejar" las cosas a la perfección.

El chico sigue pensando; "Mejor el domingo, la esperaré cuando ella venga saliendo de misa. Noooo, tampoco, estúpido del carajo, ella vendrá acompañada de su madre y de una recua de tías". 

"Bueno, esperaré la tarde cuando ella vaya para el matinée, la seguiré hasta que se siente en su luneta, ocuparé un asiento al lado, pero también puede ser detrás de ella, no importa, así no me ve mi cara de vergüenza cuando le esté "montando". 

No puede ser un asiento delante del suyo porque luego es un maldito lío, eso de estar volteándome para meterle conversación, no, no, así no. ¡joder!, ¿qué diablos es lo que voy a hacer?" -Tamaño problema el de nuestro amigo-

"Pero, ¿y si todos los asientos a su alrededor están ocupados, qué carajo voy a hacer? -Sigue pensando el tímido pariguayo-
¡Ah, ya sé! Le compro su asiento a cualquiera que esté a su lado y.... Noooo, me va a ver negociando una butaca y va a sospechar que es para estar al lado de ella".
"Ya me estoy encojonando. Debe haber un momento; claro que debe haber uno, ¡maldita sea! ¿Por qué soy tan miedoso?"

"Mis amigos, se les tiran a las mujeres como si eso no fuera nada; Cacao (el amigo) me dice, que lo mejor es decir uno mismo lo que piensa de ellas, que no se pierde nada ni siquiera el mandado porque uno mismo lo dice, pero eso lo hace él porque es un tiguerazo "rejugao", yo no tengo valor".  -Así pensaba nuestro héroe-

Así se pasa noche tras noche el chico, maquinando la mejor manera de "entrarle" a su amada. 
Yo, que cuento esto, no puedo criticar a este muchacho porque les juro que no es fácil el asunto. Ahora después de ser un hombre viejo, es que uno lo ve tan fácil, pero eso es terrible amigos.

La adolescencia, es una etapa de nuestra vida, en la que a uno se le increpa el morbo, se nos llenan las venas de deseos y si no le andamos a tiempo, es posible que hasta nos humedezcamos en nuestras partes íntimas,  con sólo pensar en la amada (y en la no amada, si está buenísima).

El que ha pasado por eso, sabe cuál es el  paliativo al que se recurre para calmar ese demonio de nombre Libido, que llevamos en lo más profundo de ese volcán, que no avisa para hacer erupción y que desparrama los deseos de la mente al ser transformado al estado ígneo, haciéndolo correr por debajo de toda prenda de vestir, hasta inundar las medias y los zapatos.

El joven decidió por fin entrarle a la muchachona, el próximo domingo en la noche mientras ella paseara con su hermana, como regularmente lo hacía. 

Su amigo le ideó el plan y le dijo, que cuando la chica estuviera paseando en el parque, él iba a distraer a la hermana para que el "enfermo de amor" se desahogara con su amada. Así quedó convenido.

Llegó el domingo, las dos hermanitas están paseando por el parque, el amigo llama a la hermana de la amada de su amigo y "le monta" una conversación, mientras el Quijote dominicano se acerca a su Dulcinea y le dice:

_ ¡Eeeeeh, Angelita, yo, yo, yo, eeeeh! -No salen las palabras-
_ ¿Qué te pasa, muchacho, estás enfermo? -Dice la chica asombrada-
_ No, no estoy enfermo, es que, eeeehhhh, que que quería preguntarte una cosa. -
_ Pero anda, sólo dilo y ya -Contestó ella, que era más "viva" que él-
_ Bueno, es que quiero saber si tú vas para la escuela mañana. -Fue lo que le salio-
_ ¿Y cuándo tu mes has visto faltar a la escuela? -Dijo ella-
Al infeliz, se le olvidó el libreto, llamó a su amigo, se viró hacia la chica y le dijo:
_ ¡Gracias Angelita, adiós! 



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